Los therians son personas que se reconocen con una esencia no completamente humana, sino también animal, cuya identificación suele emplearse como herramienta de regulación emocional o como forma de expresión creativa, ya que permite liberar tensión, sostuvo Andrea Torres, sicóloga clínica de la Universidad Intercontinental.
En entrevista, explicó que este grupo es consciente de que no existe una transformación física, por lo que utilizan máscaras y accesorios, como colas, e incluso pueden practicar quadrobics, que consiste en caminar, correr o saltar usando manos y pies; en tanto, otros lo viven como “una sensación interna por medio de instintos o sueños”.
Expresó que, de acuerdo con el manual de siquiatría, no se considera a esta práctica como un trastorno, “ya que se utiliza como una actividad de regulación emocional”.
Destacó que quienes se identifican como therians no cuentan con un perfil único, porque pueden tener algún rasgo de neurodivergencia, por ejemplo, autismo, por lo que encuentran que la identificación con un animal es “una forma mas cómoda de procesar el mundo”. Su característica es la empatía hacia la naturaleza.
Advirtió que es importante estar atentos a niños y adolescentes porque en la niñez –sobre todo– comienza el juego simbólico relacionado con la identidad. Por ello, es importante vigilar que no se convierta en un mecanismo de defensa o adaptativo.
Sentimiento de soledad
Óscar Galicia, investigador en neurociencias de la conducta en la Universidad Iberoamericana, dijo que esta comunidad, integrada principalmente por jóvenes de 15 a 25 años, no es nueva, ya que las primeras agrupaciones surgieron en la década de los 90 con el inicio de Internet y las redes sociales, y añadió que la necesidad de sentirse alguien destacado dentro de un núcleo social puede llevar a la adopción “de estas formas”.
Por su parte, Silvia Soto, del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud del Instituto Politécnico Nacional, detalló que para los adolescentes resulta fundamental pertenecer a un grupo, pues ello representa una forma de validación, de “estar con alguien que me entiende”, situación que se da ante la escasez de figuras con las que puedan identificarse y detrás de lo cual suele haber una sensación de soledad o aislamiento, ya sea porque los padres están muy inmersos en sus días laborales o por rupturas familiares. Ante ello, afirmó que es necesario vigilar que estas conductas no perduren por mucho tiempo.
Por último, Alexis Rendón, sicólogo y sociólogo de la UNAM, consideró que el consumo de estas identidades refleja una disociación de la realidad derivada de una sociedad que no ofrece un proyecto de vida hacia el cual las personas puedan orientar “su subjetividad”.