La Habana., Fidel no es patrimonio exclusivo de los cubanos, dice el presidente Miguel Díaz-Canel en el homenaje dedicado a celebrar los 100 años del nacimiento del líder de la revolución. “Su legado no está en el pasado. No basta con administrarlo, hay que emularlo”.
Los mil 500 delegados, mil de ellos provenientes de 63 países, responden con una enorme ovación de pie y consignas como “¡Viva Cuba soberana!”, y la clásica consigna antifascista que recuerda la guerra civil española: “¡No pasarán!”
“Quien no está ocupado en nacer, está ocupado en morir”, dice Bob Dylan en su canción Está bien, mamá (sólo estoy sangrando). Lo mismo sucede con las revoluciones, como la cubana, que ante el salvaje y recrudecido bloqueo al que la somete Estados Unidos se dedica a renacer cada día, apelando a sus raíces, como estos días lo hace al recuperar y reivindicar el legado de su fundador, Fidel Castro.
Eso, y no otra cosa, es lo que hace con la realización del Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, que se inauguró ayer, viento en popa, en el Palacio de Convenciones de La Habana. A pesar de las innumerables dificultades para congregarse a celebrar los 100 años del nacimiento del comandante Castro, de la falta de electricidad y agua, a la drástica reducción de vuelos internacionales hacia la isla, cientos de delegados de los más diversos países y de los más remotos rincones de Cuba comenzaron los trabajos para reflexionar sobre la vida y obra del jefe revolucionario.
Se iza la luz como bandera
En medio de interminables apagones y el exacerbado bloqueo energético decretado por Washington como castigo a la insumisión secular, nunca fueron más precisas las coplas del gran poeta Pablo Neruda en Canción de gesta: “La isla estaba oscura como el luto / pero izaron la luz como bandera / no tenían más armas que la aurora / y ésta dormía aún bajo la tierra”.
En vida, trataron de asesinar al fundador del Movimiento 26 de julio en más de 600 ocasiones. No pudieron hacerlo. Falleció entre los suyos de muerte natural. Incluso se dio el lujo de escribir un último artículo sobre sus 90 años de vida pocas semanas antes de perecer.
Y hoy, muerto desde el 25 de noviembre de 2016, nuevamente han intentado ultimarlo, poniendo a circular las calumnias que les prodigaron en vida, asfixiando su obra y procurando quebrarle el espinazo a su terco y digno pueblo, que se niega a doblegar la cerviz por penurias y escaseces.
Pero, a pesar de la precariedad y el genocidio en cámara lenta que se le quiere aplicar a la Antilla mayor, las tentativas de liquidar su memoria también fracasaron. “Diez años después de su desaparición física –dijo el presidente Díaz-Canel apenas hace unos días– sigue convocándonos”. El mandatario sostuvo que la influencia de Fidel trasciende las fronteras de Cuba y advirtió sobre la ironía de que sus adversarios continúen identificándolo como referente de la izquierda mundial.
Efectivamente. En el corazón mismo de la adversidad, en una nación llena de estrecheces que atraviesa por una situación que parece insalvable, la multitud reunida en el evento ofrece al comandante Castro el reconocimiento de su eternidad. Y, en su nombre, más allá de la nostalgia, demostrando que no sólo sobrevive cada despuntar el alba, anhela sueños de porvenir.
Símbolo de la reunión, el escenario del coloquio es majestuoso. No es exageración. Ubicado en el municipio de Playa, a ocho kilómetros del centro de la capital, en un área de 60 mil metros cuadrados, el Palacio de las Convenciones. En el salón principal pueden sesionar más de mil 500 personas. El imponente edificio, una obra de arte de la arquitectura antillana, está lleno de enormes ventanales, que permiten ver la exuberante vegetación exterior, en la que abunda la mariposa, la flor nacional isleña.
El centro de reuniones se construyó en 1979. Alberga las sesiones ordinarias y extraordinarias de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sus interiores están elaborados con mármoles, madera, tejas rojas, mármoles, techo a dos aguas, zaguanes y celosías.
Están aquí reunidos, bajo la sombra de Fidel Castro, una variopinta constelación de intelectuales, profesionistas, médicos, activistas populares, políticos y diplomáticos de los más diversos rincones del planeta: de Sudáfrica a China, de Rusia a Brasil, de México a Laos.
En la sesión inaugural, un ejército de dirigentes políticos y sociales de los cinco continentes dan su testimonio sobre el organizador del asalto al Cuartel Moncada. Liu Haixing, jefe del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China, resaltó la entrega de Fidel a Cuba y a su pueblo y las hazañas inmortales de su lucha por la independencia y soberanía.
Y, en una intervención tan emotiva como memorable, Elijah Ngurare, de Namibia, señaló que su país nunca olvidará lo que el cubano hizo por esa nación y por África. “Fidel es Fidel”, afirmó, como si en esa definición cupiera un diccionario completo de atributos revolucionarios. Y recordó el camino heroico abierto por la Operación Carlota. Esas batallas históricas, explicó, resultaron en la independencia de Namibia en 1990 y el fin del apartheid. “¡Cuba lo hizo posible!”, explicó, mientras añadía: “la batalla de Cuito Navale es la flama eterna que nunca se apagará. La sangre de cubanos regó la libertad de Namibia y otros países. Cuba era y es un socio confiable en las oscuras noches del colonialismo. Nunca olvidaremos la Operación Carlota. Ahora, Cuba está cercada, sangrando. El bloqueo es una telaraña inhumana que quiere condenar a Cuba a su rendición. Es un genocidio silencioso. Jamás abandonaremos a Cuba”.
Pero, más allá de los dirigentes de grandes formaciones políticas, están aquí figuras como Elena Gutiérrez, una joven activista mexicoestadunidense volcada a la solidaridad con la isla. Motivada por la defensa de la vida, junto con su colectivo, ha viajado en cuatro ocasiones a lo largo de los últimos meses a La Habana para traer medicamentos contra el cáncer.
Fidel Castro –explica– es, para ella, un maestro de la vida. “Significa mucho en mi cabeza y en mi corazón. Estoy segura que lo mismo le sucede a muchas otras personas en todo el mundo. Significa cargar con la esperanza de que un mundo mejor es posible”.
La huella dejada en el movimiento antimperialista
Uno tras otro, desde el saludo del representante de Vladimir Putin a Raúl Castro y Díaz-Canel (quien recordó el poema de Evtuchenko Yo soy Cuba), hasta el mensaje de la izquierda europea, está claro que no se busca mirar el pasado para regodearse en las viejas glorias de una revolución que ha mostrado que otro mundo es posible, sino de retomar el pensamiento y práctica política de Fidel para pensar los nuevos tiempos y desafíos. Se trata de ponderar la actualidad de una figura medular de la causa de la emancipación, en un momento en el que la vieja arquitectura institucional planetaria se
Impactan el ánimo de los asistentes, la vehemencia con la que desarrollan sus discursos de siete minutos, que se extienden por mucho más tiempo. En sus intervenciones, queda claro que Fidel Castro no sólo fundó una nación, sino que dejó una profunda huella en los movimientos de liberación nacional, la lucha antimperialista, el combate contra el racismo y el altermundismo de los más variados rincones del planeta. El siglo del comandante, no es sólo los 100 años de la Antilla mayor, sino del anticolonialismo mundial.
Ciertamente, para mil 500 delegados asistentes al coloquio, “Fidel es Fidel”. Punto. En tanto así que, todos a uno, los representantes de China, Rusia y Vietnam exclamaron: “¡Viva Fidel!”
