Colosal muestra arqueológica de Mesoamérica asombra en China

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Shanghái. Fueron cinco lustros de espera para que China pudiera albergar de nuevo una colosal colección de piezas arqueológicas de antiguas culturas de Mesoamérica.

El Museo de Shanghái es la sede de la exposición La cumbre de los árboles del mundo: antiguas civilizaciones de América, cuya línea temática se centra en una dicotomía: que aun cuando surgieron a miles de kilómetros de distancia y pese a sus marcadas diferencias, la cosmovisión de los pueblos americanos encuentra algunos paralelismos con una de las civilizaciones más antiguas del planeta: la china.

Motivadas por el interés en que su gente entienda otras culturas –que florecieron cuando las primeras dinastías chinas consolidaban el imperio–, autoridades de la nación asiática trabajaron durante meses con sus pares de México y Perú para traer a esta megalópolis casi 3 mil reliquias arqueológicas de las culturas olmeca, maya, teotihuacana, mexica y andina, de las cuales 804 proceden de nuestro país.

Se trata de una de las exposiciones más grandes y completas dedicadas a las culturas antiguas del continente americano que se hayan organizado no sólo en China, sino en toda Asia.

La muestra se inauguró el pasado día 8 y permanecerá abierta hasta el 14 de noviembre de 2027. Reportes oficiales indican que hasta ahora se tiene un promedio de 10 mil visitantes al día. Así, desde una de las ciudades más emblemáticas de la hipermodernidad china, se ha dado espacio para entender algunas de las antiguas civilizaciones del planeta.

Seis calaveras talladas en piedra detienen el paso de una pequeña de unos siete años de edad en una de las salas del recinto museográfico, uno de los más importantes del gigante asiático. Su actitud denota temor al ver esos objetos alusivos a la muerte, pero su curiosidad la domina y, de a poco, se acerca. Mira de reojo las piezas mayas durante unos segundos y termina refugiándose en el regazo de su madre, aferrada a su brazo.

La mujer intenta explicarle lo que observa: en la cosmovisión de las antiguas culturas mesoamericanas, la muerte no representaba el final de la existencia, sino una transformación, el tránsito a otra etapa.

La escena se repite en distintas salas del recinto: semblantes de sorpresa, constantes preguntas y asistentes que descubren otras visiones del mundo.

Lo que para muchos visitantes chinos puede parecer una imagen inquietante, para los pueblos originarios de México formaba parte de una visión profunda sobre el equilibrio del universo y el ciclo de la vida.

De acuerdo con el Museo de Shanghái, la muestra constituye “la mayor exposición de su tipo” organizada desde 2001, cuando el recinto presentó la exhibición Maya Treasures from Mexico; además de ser la presentación más amplia y completa dedicada a las antiguas civilizaciones del continente americano realizada hasta la fecha.

Desde el inicio del recorrido, la exposición plantea una idea central: las civilizaciones antiguas de China y América, aunque separadas por un inmenso océano, se plantearon preguntas similares sobre el origen del universo, el paso del tiempo, la relación con la naturaleza y el papel del ser humano dentro del cosmos.

La exposición representa un diálogo entre antiguas culturas

Para el director del Museo de Shanghái, Chu Xiaobo, la exposición representa un diálogo entre antiguas culturas.

“La civilización china y las latinoamericanas tienen muchos puntos en común en su cosmovisión”, señaló a la agencia Xinhua el día de la inauguración, al destacar que las culturas de América y China desarrollaron calendarios, conocimientos astronómicos, sistemas agrícolas complejos y una profunda relación simbólica con elementos de la naturaleza.

Uno de los mayores símbolos de la exhibición es la Cabeza colosal 4 de San Lorenzo, de origen olmeca, la llamada cultura madre. Esta civilización surgió, según los reportes históricos, entre 1600 y 1500, cuando en China iniciaba la dinastía Shang.

La pieza, de aproximadamente 4.5 toneladas y casi 3 mil años de antigüedad, viajó más de 13 mil kilómetros desde México hasta Shanghái. Su traslado representó una compleja operación internacional de conservación, embalaje, seguridad y transporte que se tradujo en mesas de trabajo de arqueólogos, restauradores, especialistas en patrimonio y equipos técnicos mexicanos y chinos.

El cónsul de asuntos culturales y cooperación del consulado de México en Shanghái, Rodrigo Topete Maza, apunta en conversación con este diario que exposiciones como ésta –que se da en el marco del 55 aniversario del establecimiento de relaciones entre nuestro país y la República Popular China, el próximo año– fortalecen el conocimiento mutuo, promueven el respeto por el patrimonio y generan nuevas oportunidades de cooperación entre museos, universidades, investigadores e instituciones culturales.

“Es un recordatorio de que la relación bilateral no sólo se construye mediante el diálogo político o la cooperación económica, sino también a través del intercambio cultural y del reconocimiento de las profundas raíces históricas de ambos pueblos. La muestra refleja el creciente interés que existe en China por conocer el patrimonio cultural de México”.

En otra sala, los visitantes descubren uno de los espacios más sorprendentes de Teotihuacán: la representación del túnel encontrado bajo el templo de Quetzalcóatl.

La serpiente emplumada, una de las figuras más importantes de Mesoamérica, aparece como símbolo de unión entre la tierra y el cielo: la fuerza de la naturaleza y el poder divino. Para muchos asistentes chinos, la imagen resulta familiar en un sentido simbólico, pues lo asocian con el dragón.

La presencia de seres mitológicos asociados al cielo, los animales sagrados y la conexión entre gobernantes y fuerzas sobrenaturales recuerdan algunas ideas presentes también en la tradición de este país.

La cultura mexica ocupa un lugar destacado en la exposición. Sus templos, deidades y objetos rituales muestran una sociedad organizada alrededor de la agricultura, la guerra y la necesidad de mantener el equilibrio cósmico.

Se presenta una réplica de la Piedra del Sol, sobre la que se proyecta un espectáculo de luces que permite a los visitantes comprender cómo los mexicas concebían el tiempo como un ciclo. El universo debía mantenerse en movimiento y el sacrificio humano era interpretado como una forma de renovación y continuidad. Ésta es una de las partes que más provoca sorpresa de este lado del mundo. La señorita Li, una joven china de 22 años, reconoce que los rituales de sacrificio fueron uno de los aspectos que más llamaron su atención.

“Ahora puede parecer algo difícil de comprender. Aunque es algo no tan bonito, en aquella época tenía un significado indispensable dentro de esa sociedad”, comenta.

La presencia maya es otro de los grandes atractivos de la muestra. Calendarios, esculturas y objetos relacionados con gobernantes permiten conocer una civilización que alcanzó extraordinarios avances en astronomía, escritura, matemáticas y arquitectura.

La réplica de la tumba de Pakal, gobernante de Palenque –descubierta en 1952–, permite a los visitantes acercarse a los relieves asociados con su viaje al más allá. Algunos incluso tocan con asombro las representaciones talladas, tratando de comprender una historia ocurrida hace más de mil años.

La segunda parte de la exposición lleva al visitante hacia los Andes. Allí, el oro aparece no como símbolo de riqueza económica, sino como material sagrado relacionado con los dioses, el poder y la conexión con los ancestros.

Las culturas andinas utilizaron oro, plata, cobre, piedra, textiles y cerámica para representar sus creencias, sus jerarquías sociales y su interpretación del universo.

La magnitud de la muestra fue posible gracias a la colaboración entre instituciones mexicanas, peruanas y chinas, en un proyecto que requirió más de 18 meses de preparación.

Guo Cunhai, director de la Oficina de Investigación Social y Cultural del Instituto Latinoamericano de la Academia China de Ciencias Sociales, afirma que el encuentro entre ambas regiones permite construir una narrativa mundial más diversa, en la que ninguna civilización representa un único camino de desarrollo. “Las civilizaciones no se desarrollan en una sola línea”, y es importante el aprendizaje mutuo, destacó.

Entre dioses, calendarios, árboles sagrados y memorias en piedra, las culturas de América dejan patente una historia que no pudo ser erradicada por la larga y violenta etapa de colonización y sobrevivió al paso del tiempo, y en los próximos meses dialogará con China desde el corazón de Shanghái.


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