Lentes inteligentes, moda que vulnera la privacidad del usuario y su entorno

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Los anteojos, antes un objeto de uso cotidiano destinado a corregir la vista o proteger los ojos del sol, hoy, impulsados por la inteligencia artificial (IA), también toman fotografías, graban videos, responden preguntas sobre el entorno, traducen textos e incluso reconocen lo que tienen enfrente, con lo que comienzan a transformar la forma en la que las personas interactúan con la tecnología.

Además, los anteojos inteligentes dejaron de ser un producto de nicho para ganar espacio en tiendas de óptica, plazas comerciales y plataformas de comercio electrónico, donde son promocionados como dispositivos capaces de facilitar tareas cotidianas mediante comandos de voz y funciones impulsadas por IA, y se han vuelto un objeto de deseo.

Sin embargo, esas capacidades que los convierten en una herramienta atractiva para los consumidores también son un artículo que invade la privacidad de terceros y abren una ventana que puede aprovechar la ciberdelincuencia. Al incorporar cámaras, micrófonos y sistemas capaces de interpretar el entorno, también pueden recopilar información personal y exponer datos sensibles de sus usuarios y de quienes los rodean, como contraseñas o claves financieras como el NIP del cajero, advierten especialistas.

Organizaciones dedicadas a la defensa de la privacidad digital y expertos en ciberseguridad señalan que, sin las medidas de protección adecuadas, estos aparatos, que hoy están de moda, pueden facilitar desde la recopilación masiva de imágenes, audio o metadatos, hasta el robo de información, la suplantación de identidad y otras formas de abuso de la tecnología.

El tema cobra especial relevancia para México porque su adopción apenas comienza, pero avanza con rapidez. Estimaciones de consultoras internacionales prevén que en el mercado nacional los lentes inteligentes pasarán de mover actualmente poco más de 20 millones de dólares a casi 140 millones hacia principios de la próxima década.

Accesorio de moda

Los lentes inteligentes son dispositivos que combinan funciones tradicionales de unas gafas con cámaras, micrófonos, altavoces y sistemas de IA capaces de interpretar lo que su portador tiene enfrente; por ejemplo, saber en qué calle está, que letrero tiene enfrente o que tipo de comida está a punto de comprar.

A diferencia de los primeros modelos, que se limitaban a capturar fotos y videos, las versiones más recientes pueden responder preguntas sobre lo que el usuario observa, traducir textos en tiempo real, realizar llamadas, reproducir música y ejecutar diversas tareas mediante comandos de voz.

Y aunque el desarrollo de este tipo de tecnología comenzó hace más de una década con distintos fabricantes, fue a partir de los últimos años, con la incorporación de la inteligencia artificial generativa, cuando comenzaron a ganar popularidad y ampliaron considerablemente sus capacidades.

Actualmente existe una amplia oferta en el mercado, pero los modelos más conocidos son los Ray-Ban Meta y los Oakley Meta, desarrollados por Meta en alianza con EssilorLuxottica, que integran asistentes de IA capaces de analizar el entorno y responder consultas del usuario en tiempo real.

Datos de la nube

Aunque representan uno de los desarrollos más recientes de la era digital para los consumidores, su popularidad también abre nuevos desafíos para la privacidad y la ciberseguridad, advirtió Mario Micucci, investigador de seguridad informática de ESET, firma especializada en seguridad digital.

En entrevista, explicó que la nueva generación de estos dispositivos no sólo incorporó mejores cámaras y micrófonos, sino que ahora puede consultar modelos de IA sobre aquello que registra: “son capaces de rastrear y grabar su entorno, y permiten al usuario consultar a la IA sobre lo que ve a su alrededor”.

Esa capacidad implica que, sin que el usuario necesariamente lo advierta, los lentes pueden capturar información sensible que termina almacenada en aplicaciones, teléfonos inteligentes o servicios en la nube.

Un número confidencial escrito en una hoja, el NIP de una tarjeta al utilizar un cajero automático, contraseñas visibles en la pantalla de una computadora, estados de cuenta o documentos personales son algunos de los datos que podrían quedar registrados y posteriormente ser utilizados con fines fraudulentos.

Micucci explicó que el riesgo no radica únicamente en que un tercero vulnere los propios lentes –pues en muchos casos resulta más sencillo comprometer el teléfono celular con el que están sincronizados–, las aplicaciones que administran el dispositivo o las cuentas donde se respaldan fotografías, videos y conversaciones.

Una vez obtenido ese acceso, expuso el especialista de ESET, un atacante puede hacerse de la información recopilada por los lentes o incluso tomar el control de las cuentas asociadas y a ello se suma que los delincuentes pueden aprovechar la información obtenida para construir perfiles detallados de sus víctimas.

La información incluye contraseñas, documentos financieros, imágenes, ubicaciones frecuentes o datos personales pueden utilizarse para lanzar ataques de phishing (aquellos en los que un delincuente se hace pasar por personal de bancos, por ejemplo, para robar fondos del usuario engañado) más convincentes, cometer robo de identidad o acceder a otros servicios digitales.

Micucci refirió que estudiantes de la Universidad Harvard desarrollaron el proyecto I-XRAY, con el que demostraron que los videos captados por lentes inteligentes y transmitidos en vivo podían combinarse con sistemas de inteligencia artificial y bases de datos públicas para identificar personas y obtener información sobre ellas.

“Estos vectores de ataque pueden permitir a actores maliciosos tomar control del dispositivo para el robo directo de datos, la toma de control de cuentas o actividades de vigilancia, con posibles consecuencias que pueden afectar incluso tu seguridad física”, destacó el investigador.

Nuevos desafíos

Las preocupaciones alrededor de los anteojos inteligentes no provienen únicamente de las firmas especializadas en ciberseguridad. Organizaciones dedicadas al análisis de la privacidad digital advierten los desafíos que representa esta nueva generación de dispositivos, una de ellas es Mozilla Foundation, organización dedicada a promover un Internet abierto y seguro, que a través de su proyecto Privacy not included evalúa las políticas de privacidad y seguridad de productos tecnológicos de consumo.

En su más reciente análisis sobre los Ray-Ban Meta, advirtió que estos anteojos recopilan fotografías, videos, grabaciones de voz, información de ubicación y otros metadatos que pueden ser utilizados para mejorar los sistemas de IA de la empresa, además de compartir parte de esa información con terceros conforme a sus políticas de privacidad.

También lanzó que, debido a que los lentes incorporan cámaras y micrófonos discretos, las personas que se encuentran alrededor del usuario pueden no percatarse de que están siendo fotografiadas o grabadas, lo que abre nuevos cuestionamientos sobre el consentimiento y la protección de la privacidad en espacios públicos.

Las inquietudes no se limitan a especialistas en privacidad. De acuerdo con Deloitte, la creciente adopción de herramientas de IA también ha incrementado la preocupación de los consumidores sobre el uso que las empresas hacen de sus datos personales, un factor que especialistas consideran será determinante para la aceptación de dispositivos capaces de recopilar información de manera constante.

Las advertencias cobran mayor relevancia en un contexto en el que la confianza de los consumidores en el manejo de sus datos personales aún enfrenta desafíos.

De acuerdo con una encuesta de Deloitte, 79 por ciento de las personas consideran que las empresas tecnológicas no son claras sobre sus políticas de privacidad y seguridad, mientras una proporción similar afirman que tampoco resulta sencillo controlar la información que esas compañías recopilan.

Y todo ello ocurre al mismo tiempo que el mercado de los lentes inteligentes acelera su expansión en nuestro país: según la consultora estadunidense Grand View Research, las ventas de estos dispositivos pasarán de 20.7 millones de dólares en 2025 a 138.9 millones en 2033.

Es posible reducir los riesgos

Frente a este panorama, Micucci sostuvo que el uso de lentes inteligentes no implica renunciar a la privacidad, siempre que los usuarios adopten medidas básicas de seguridad y comprendan el tipo de información que estos dispositivos recopilan y comparten con otras aplicaciones y servicios.

“Lo mejor es entender qué datos recopila el dispositivo y revisar la configuración de privacidad antes de utilizarlo. También es importante mantener actualizado el software del dispositivo, activar la autenticación de dos factores en las cuentas vinculadas, utilizar contraseñas robustas y evitar almacenar o mostrar información sensible frente a las cámaras de los lentes. La tecnología seguirá evolucionando, pero la mejor defensa continúa siendo un usuario informado y consciente de los riesgos”, expuso el analista.


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