Paris. Las protestas contra el encarecimiento de la vida, que vieron resurgir el movimiento de los chalecos amarillos, sacudieron este sábado Francia, cuando su presidente Emmanuel Macron enfrenta un fin de mandato convulso.
A seis meses de la elección presidencial para elegir a su sucesor, un llamado titulado «Amarillos y Jóvenes» exhortaba a protestar juntos al movimiento de los chalecos amarillos, a la generación Z, a campesinos, profesores, activistas climáticos, jubilados, etc.
«Abajo el sistema», «Tomamos la Bastilla», «Macron dimisión»… El deseo de cambio sobrevolaba entre las decenas de miles de personas que manifestaron en París, junto a críticas a la policía por sus acciones durante las protestas estudiantiles iniciadas a finales de septiembre.
«Hoy hay un punto de convergencia de muchas rabias, todas legítimas y todas más o menos conectadas», aseguró a la AFP Florine Pigny, una tatuadora de 36 años residente en los suburbios de París y que se dice preocupada por el «futuro» de su hija y por la situación de los servicios públicos.
Semanas atrás surgió en las redes sociales un llamado a manifestar este sábado contra el encarecimiento de la vida, que en Francia se plasma especialmente en un aumento del combustible desde el inicio de la guerra en Oriente Medio.
«A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos», denunció Franck, un funcionario que se manifestó en Guéret, en el centro de Francia, junto a unas 300 personas, de las cuales una cuarta parte eran estudiantes de secundaria.
Las protestas en las grandes ciudades estuvieron marcadas por escenas de caos. En Marsella y en Lille, manifestantes accedieron a los ayuntamientos y, en la primera, derribaron un busto de Marianne, símbolo de la República Francesa.
Tensiones y detenidos
En París, la plaza de la República, de donde partían las marchas en la capital, fue el escenario de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que respondieron con gases lacrimógenos y con un cañón de agua a los objetos lanzados por manifestantes enmascarados.
Las autoridades, que habían prohibido manifestar en lugares estratégicos como los turísticos Campos Elíseos, frenaron protestas no autorizadas en otros puntos de la capital, entre ellas una en los alrededores del Palacio del Elíseo, sede de la presidencia.
Hasta las 3 de la tarde, 272 personas habían sido detenidas en Francia, según el ministerio del Interior.
La movilización marcó el retorno del movimiento de los chalecos amarillos, cuyas protestas en 2018 y 2019 contra el alza prevista de un impuesto al combustible marcaron el primer mandato del presidente centroderechista.
Las imágenes de violencia, con destrozos incluso en el simbólico Arco del Triunfo de París y saqueos de tiendas, y la acción policial, que provocó que manifestantes perdieran ojos, conmocionaron entonces a Francia.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió que las fuerzas de seguridad podrán usar granadas aturdidoras en caso de disturbios urbanos. Las autoridades habían restringido su uso en las protestas estudiantiles, después de que un joven perdiera una mano.
El viernes, Macron lanzó un llamado «a la calma» y estimó que el «derecho a manifestarse» debe ir acompañado de «respeto», sin «insultar» ni «romper» nada.

