Ciudad de México. Los altos precios de la energía representan la mayor amenaza para la calidad crediticia de las empresas de generación eléctrica, aunque el riesgo varía según la combinación de combustibles, las condiciones hidrológicas y la estructura contractual de cada compañía, sostuvo la calificadora Moody’s en un reporte.
“Los precios más altos del crudo respaldan la generación de efectivo de los exportadores de petróleo, pero aumentan los riesgos en materia de políticas para las empresas petroleras estatales, dado que las limitaciones para aumentar los precios del combustible restringen los beneficios para el balance de Petróleos Mexicanos en México, Ecopetrol en Colombia y Petróleo Brasileiro, en Brasil”, indicó la firma.
Agregó que las aerolíneas, las empresas de productos químicos y de materiales de construcción presentan la mayor vulnerabilidad al incremento de los costos del combustible y los insumos, los cuales presionan los márgenes y el flujo de efectivo, incluso cuando las empresas pueden trasladar parte de estos mayores costos a los clientes.
“Las aerolíneas latinoamericanas, que tienen una escasa dependencia de las rutas de Medio Oriente, son más sensibles a los costos del combustible que a interrupciones significativas de sus operaciones”, resaltó Moody’s.
Asimismo, agregó que el mercado de aerolíneas de América Latina, permite a las compañías compensar parcialmente el aumento de los precios del combustible de aviación mediante ajustes de capacidad y medidas tarifarias selectivas.
“Es probable que los altos precios mayoristas de la energía generen retraso en la recuperación de costos de las empresas reguladas de servicios públicos. Los aeropuertos y las autopistas de peaje enfrentan un riesgo gradual”, indicó.
Comentó que América Latina es en gran medida autosuficiente en materia de energía, y tiene una exposición limitada al suministro de Medio Oriente.
“Aún así, los precios globales de la energía persistentemente altos y volátiles aumentarían los costos de producción, y el incremento de los precios del diésel, en particular, haría subir los costos de transporte y alimentos”, previó.
Explicó que esa situación podría agravar las presiones inflacionarias y retrasar o interrumpir los ciclos de flexibilización monetaria en toda la región.
“Un período prolongado de tasas de interés más altas complicaría, a su vez, los esfuerzos de consolidación fiscal”, mencionó.
Señaló que el incremento de los precios de los combustibles también plantea una difícil disyuntiva, ya que trasladar los costos a los consumidores podría intensificar las presiones sociales, mientras que absorberlos mediante subsidios incrementaría los déficits fiscales.
“La alta inflación persiste en la mayoría de las grandes economías de América Latina, mientras que el crecimiento del producto interno bruto (PIB), y el consumo privado se han desacelerado”, apuntó.
Precisó que la tasa de inflación de 4.5 por ciento en México, se situó cerca del límite superior del rango objetivo del banco central, con una dinámica inflacionaria impulsada principalmente por los alimentos y servicios más que por los combustibles, gracias a un subsidio parcial.
Asimismo, Moody’s dijo que el crecimiento también se ha debilitado, lo que limita aún más las opciones de política para hacer frente a cualquier shock de precios relacionado con la energía. “El crecimiento se moderó en Chile, Colombia y México”, señaló.